Ese mundo maravilloso llamado: Escalas de fisioterapia

En los primeros años de carrera no tienes idea de para qué podrían servirte tantas escalas, ya que tú siempre has relacionado la fisioterapia con las manos, las lesiones del aparato locomotor y los “crujidos”. Pero te das cuenta cuando llegas a las prácticas en hospitales o residencias de ancianos que las escalas de fisioterapia son como para los cristianos el “Padre Nuestro”.

Es cierto que no es lo más agradable de estudiar porque te suelen contar todas las escalas posibles que se pueden pasar en una patología, y en el caso de geriatría o neurología, el número de escalas es muy grande y se te empiezan a juntar unas escalas con otras, unos ítems con otros y “el mundo escala” se empieza a desmoronar en tu cabeza.

Una vez que llevas varias semanas de prácticas en el hospital eres tú quien busca escalas posibles para pasar a un paciente que viene por primera vez, tenga la patología que tenga. Para los fisioterapeutas es una herramienta muy útil para poder comprobar la evolución de nuestro paciente repitiéndole la misma escala a lo largo del tratamiento.

Una escala es un instrumento de trabajo que contiene enunciados de una serie de características, cualidades, etc., acompañados de una escala graduada sobre lo que interesa medir. El grado de presencia de las características se expresa mediante categorías cuantitativas (mucho, bastante, poco, nada) o cualitativas (siempre, casi siempre, a veces, casi nunca, nunca).

Por ejemplo, en el caso de lesiones en el aparato locomotor para  la extremidad superior pasaríamos la escala DASH, en la extremidad inferior el WOMAC y en el raquis el índice de discapacidad de Oswestry. Después las escalas más específicas de las articulaciones como las escalas KOOS para la rodilla, el SPADI en el hombro o el PRWE para evaluar la mano. Sigue leyendo

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