“La cama te come”

María Alonso Martínez

Una frase muy simple. Cuatro palabras. Un determinante, un sustantivo, un pronombre y un verbo. Sí, una frase muy simple. Pero una frase que hace pensar.

¡Cómo nos gusta a todos el momento en que, después de un día agotador, nos metemos en la cama! O ese día en que no tienes que madrugar, te despiertas, miras el reloj y te das cuenta de que todavía puedes dormir un rato más; te arropas mejor y vuelves a dormirte. Cómo nos gusta dormir una siesta de 3 horas los días que podemos y cómo nos cuesta salir de la cama por la mañana.

Entonces, ¿por qué esa frase? ¿Por qué dijo eso un paciente ingresado durante más de dos meses en el Hospital de Fuenlabrada? La frase comienza a cobrar sentido una vez que se conoce la situación.

Los fisioterapeutas, cuando visitamos a los pacientes ingresados les recomendamos movimiento.Les decimos: haz así con los pies todas las veces que puedas, intenta levantarte cuanto antes, levanta los brazos, da unos pequeños pasitos por la habitación. Y esas pequeñas recomendaciones a veces se hacen un mundo para ellos. Pacientes que solo sueñan con levantarse de esa cama que se ha convertido en su prisionera, que sueñan con correr y respirar el aire de la calle y que saben que, por el momento, no pueden hacerlo.k5175413

Entonces, ¿qué tiene la cama, que hace que unos la adoren y otros la odien? Pues bien, todo depende de cuánto tiempo se esté en ella. Muchas veces se dice que siempre queremos lo que no tenemos. Cuando estamos todo el día de aquí para allá solo soñamos con el momento de meternos en la cama. Cuando solo podemos estar en la cama, sin duda, soñamos con salir de ella.

¿Qué tiene la cama? La cama es la causante del síndrome de inmovilidad, del que todos hemos oído hablar y que todos trabajamos por impedir. Este síndrome de inmovilidad se produce sobre todo en ancianos (aunque puede ocurrir a cualquier edad) como consecuencia de la inactividad prolongada y permanencia en cama, independientemente de la enfermedad que le haya llevado a ese estado. Se produce un descenso de la capacidad para desempeñar actividades de la vida diaria (AVD) por deterioro de las funciones motoras y tiene múltiples cambios y complicaciones.

Durante mi Prácticum en el Hospital de Fuenlabrada he podido ver a varios pacientes en planta. Algunos de los cuales no tenían fuerza ni para cambiar de posición en la cama. Esa pérdida de fuerza se supera rápidamente si el estado del paciente lo permite y le deja moverse, caminar algunos pasos e ir poco a poco incorporando AVD. Sin embargo, cuando eso no es posible, la pérdida de fuerza es el menor de nuestros problemas. Se producen retracciones tendinosas, rigidez y anquilosis articular, se produce una pérdida del esquema corporal y los esquemas motores, se producen trastornos del equilibrio, aumenta el riesgo de desarrollar trombosis venosa profunda y se produce un deterioro mental progresivo.can-stock-photo_csp0723150

Este paciente, cuando dijo la frase que me ha llevado a reflexionar en este blog, se refería a que la inmovilidad, el no poder salir de la habitación por estar en aislamiento de contacto, por tener más de dos meses la misma visión por la misma ventana, va produciendo apatía, intranquilidad mental y pensamientos negativos. Aunque no somos psicólogos, el trato del paciente desde un punto de vista biopsicosocial nos lleva a comprender sus inquietudes y a intentar ayudarle. ¿Cómo podemos hacer esto los fisioterapeutas? He aprendido en estas semanas que los pacientes ingresados acaban considerando nuestras visitas como una parte de su día a día. Les distrae y a la vez les motiva en la adquisición de habilidades. Que pasar de la cama al sofá es un mundo. Que poder dar una vuelta más a la cama es alcanzar una cumbre más. Y que, en caso de este paciente, mantener el estado en el que se encuentra dentro de esa diminuta habitación le permitirá salir corriendo por el pasillo en cuanto eliminen la bacteria que le tiene en aislamiento.

Para saber más:

http://www.jano.es/ficheros/sumarios/1/0/1611/43/1v0n1611a13089818pdf001.pdf