Somos profesionales pero… ¿somos humanos?

Desde que empecé el grado de fisioterapia me han enseñado muchas cosas. Día a día durante estos cuatro años me han preparado para ser un buen profesional, para tener conocimientos suficientes para hacer pruebas de valoración, diagnósticos y las posteriores técnicas de tratamiento para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Todo esto es importante y es la base para el ejercicio de esta profesión de manera correcta pero hay más cosas que no se enseñan en las aulas, algo que nace del interior de la persona y se perfecciona con la experiencia, los valores humanos. Supongo que todos hemos pasado por alguna situación incómoda en alguna ocasión cuando hemos tenido que ir a un centro sanitario, bien porque nos han atendido muy rápido o porque directamente no han prestado prácticamente atención a nuestro problema y casi ni nos han mirado a la cara mientras nos hablaban.
valores humanos

¿Qué repercusión tiene esto? Aunque el profesional haya elegido un tratamiento correcto basado en sus conocimientos, no ha tenido en cuenta las emociones o sentimientos del paciente y eso va a influir de manera negativa en la recuperación. Puede que la persona que manda el tratamiento esté muy acostumbrada a ver ese tipo de problemas pero el paciente no sabe que le está pasando, que repercusiones va a tener en su vida, cómo y en qué circunstancias va a terminar el transcurso de la enfermedad, etc… Es por tanto, realmente importante que nos pongamos en la piel del paciente y pensemos como nos sentiríamos nosotros mismos si nos tratasen así.

Cuento todo esto porque desde mi opinión y mi experiencia he podido comprobar que si somos capaces de transmitir confianza, seguridad y escucha al paciente nuestros tratamientos se vuelven más eficaces. No importan cuantas veces tengamos que escuchar a un paciente su problema o cuantas veces le expliquemos lo mismo porque todo esto ayuda a que la confianza y la seguridad que le transmitimos aumente.

Aprender a escuchar

Estamos ante una profesión muy bonita donde vamos a tratar personas, a veces nos reconocerán  la labor que realizamos y en otras ocasiones no, tampoco vamos a tener la misma cercanía con todos los pacientes pero es nuestra labor y una parte de nuestra profesión intentarlo. Incluso tendremos que ser capaces de apartar nuestros problemas, preocupaciones o agobios durante las horas de trabajo de aquello que es importante en ese momento, el paciente.

Sin empatía no hay cura

Muy sencillo, si realmente te gusta lo que haces y te preocupan las personas que estas tratando, es muy probable que desde el minuto uno hasta que finaliza la jornada laboral seas capaz de aislar tu mente de todo y solo centrarte en tu trabajo.

Por último, te recomiendo que veas la película “El doctor” donde un profesional de la salud se convierte en paciente y le toca experimentar una nueva forma de vida.

Antonio Medina Ortiz